miércoles 20 de mayo
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En los sectores más vulnerables sólo 4 de cada 10 niños de tres años asisten al nivel inicial

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La cobertura del nivel inicial en Argentina mostró avances significativos en la última década, especialmente entre los niños de 3 y 4 años, aunque persisten fuertes desigualdades socioeconómicas. El 83% de los niños argentinos de entre 3 y 5 años asiste al nivel inicial, según las cifras más recientes, de 2024. El porcentaje es similar al de Chile (82%) y Perú (83%), pero se ubica por debajo de Uruguay (93%), que lidera la región.

Los datos surgen del último informe de Argentinos por la Educación, titulado “Cobertura del nivel inicial: una comparación entre países de la región” y elaborado por Martín Nistal y Lucía Vallejo. El estudio analiza las tasas de asistencia al nivel inicial y las brechas socioeconómicas en la cobertura en Argentina, Chile, México, Perú y Uruguay.

Las cifras señalan que el principal desafío se concentra en los sectores más vulnerables y en las edades más tempranas. En Argentina, la asistencia de a los 3 años de edad se ubica en el 55%, muy por debajo de los niveles de de 4 años (91%) y 5 (98%). Existen grandes desigualdades por nivel socioeconómico: entre los niños de 3 años pertenecientes al quintil más pobre, solo el 41% asiste al nivel inicial: es el porcentaje más bajo entre los países analizados. En contraste, en los hogares de mayores ingresos (quintil 5) la asistencia asciende al 63%, mientras que en sectores medios (quintil 3) alcanza el 71%.

Las desigualdades también son significativas a los 2 años. Con esa edad, solo el 10% de los niños argentinos más pobres (quintil 1) acceden a algún espacio educativo, frente al 44% de los sectores más ricos (quintil 5): una diferencia de 34 puntos porcentuales. En cambio, a los 4 años de edad la brecha de cobertura entre los niños del quintil más pobre (83%) y del quintil más alto (97%) se reduce a 14 puntos porcentuales. A los 5 años, la cobertura es prácticamente universal en todos los sectores sociales, con tasas de entre 97% y 100%.

En el promedio regional, el nivel inicial muestra una expansión sostenida, pero con diferencias marcadas por país y por nivel socioeconómico. En Argentina, la brecha de asistencia entre el quintil más pobre (74,8%) y el más rico (89,8%) alcanza los 15 puntos porcentuales para niños de 3 a 5 años, lo que evidencia que el acceso sigue condicionado por los ingresos del hogar.

Al analizar la evolución de la cobertura entre 2014 y 2024, se observa que Argentina registró uno de los mayores avances a nivel regional, sobre a los 3 y 4 años de edad, dado que a los 5 la escolarización ya se encontraba casi universalizada. La asistencia en los niños de 3 años pasó del 40% al 55%: un aumento de 15 puntos porcentuales, el segundo mayor crecimiento después de Uruguay. En tanto, entres los niños de 4 años aumentó del 75% al 91%: un incremento de 16 puntos porcentuales, el mayor de la región para ese grupo etario. Solo Uruguay (97%) y Perú (94%) tienen niveles mayores de cobertura en chicos de 4 años.

“La cobertura del nivel inicial, que en Argentina alcanza sólo al 55% de los niños y las niñas de 3 años y cae al 41% en el sector más vulnerable, no es solo un problema de acceso institucional. Nuestra evidencia empírica indica que la asistencia a la educación inicial en contextos de pobreza actúa como un catalizador del entorno familiar: los niños y las niñas que asisten reciben significativamente más estímulos en el hogar –cuentos, canciones, juegos y rituales afectivos como festejar el cumpleaños– en comparación con sus pares del mismo nivel socioeconómico que no asisten”, explica Ianina Tuñón, investigadora del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina. Para Tuñón, “cerrar las brechas de asistencia no solo igualaría oportunidades educativas, sino que también potenciaría el capital cultural y emocional dentro de los hogares más vulnerables”.

“El aumento en la cobertura del nivel inicial es un dato alentador pero debe leerse junto con los desafíos pendientes. La asistencia sigue siendo menor entre los sectores más vulnerables, precisamente quienes más se beneficiarían de ella, dado el amplio consenso sobre el impacto que tiene la educación temprana en el desarrollo infantil y en las prácticas de crianza familiares. A esto se suman la fragmentación de la oferta para sala de 3 –donde una parte importante de las instituciones opera fuera del sistema educativo formal–, el ausentismo creciente que se observa desde la pandemia, y la persistente deuda de cobertura y equidad para el tramo de 0 a 2”, plantea Gabriela Fairstein, profesora de la UBA y FLACSO. Y agrega: “Si bien responde en parte al esfuerzo de los diferentes niveles del Estado, el aumento de la cobertura también se ve beneficiado por el descenso de la natalidad, una oportunidad histórica que debe acompañarse de una fuerte decisión política de inversión y fortalecimiento institucional”.

“La primera infancia es un periodo clave para la formación de capital humano, y aún persisten graves desafíos en cobertura y calidad en América Latina y el Caribe que la región no puede darse el lujo de ignorar, dados sus preocupantes niveles de productividad, crecimiento, crimen y pobreza, todas variables altamente dependientes de intervenciones de calidad en los primeros años”, sostiene Florencia Lopez Boo, profesora de la Universidad de Nueva York, y añade: “Es importante destacar que, según estudios previos, la asistencia al jardín a los tres años de edad en la región es alrededor de 10 puntos porcentuales superior para los niños de zonas urbanas en comparación con los de zonas rurales, lo que muestra la prioridad que debería darse a la focalización de intervenciones costo efectivas dirigidas a la primera infancia en zonas rurales”.

“El informe muestra con claridad que el desafío pendiente del nivel inicial en Argentina se concentra en las edades más tempranas y en los sectores más vulnerados. A los 2 y 3 años, cuando se despliegan procesos clave para el desarrollo del lenguaje oral y de otras capacidades cognitivas que luego sostienen el aprendizaje de la lectura y la escritura, la cobertura de los niños y niñas del quintil más pobre es la más baja entre los países considerados. A los 2 años, apenas el 10% de los niños del quintil más pobre asiste, frente al 42% en Chile y el 54% en Uruguay. A los 3 años, el 41% en Argentina contrasta con el 49% de México, el 55% de Perú, el 57% de Chile y el 82% de Uruguay. Esto no remite solo a una brecha de acceso institucional: implica una desigualdad temprana en las oportunidades de participar en experiencias educativas de calidad, sistemáticas y lingüísticamente ricas”, advierte Celia Rosemberg, profesora de la UBA e investigadora del Conicet.

“El acceso fragmentado al nivel inicial se inscribe en un contexto en el que casi la mitad de las familias con niños pequeños vive en situación de pobreza, y donde la oferta de gestión estatal destinada al primer ciclo (de 45 días a 3 años) continúa siendo escasa frente a la del sector privado. Como resultado, la responsabilidad de asegurar el acceso para este grupo de edad suele transferirse a las familias y al mercado, lo que refuerza las desigualdades socioeconómicas desde las etapas más tempranas de la vida –afirma Carolina Semmoloni, investigadora del Centro de Investigación Aplicada en Educación (CIAESA)–. Frente a este escenario, la tendencia de descenso en la tasa de natalidad que Argentina registra desde 2016 se presenta como una oportunidad para planificar estratégicamente la expansión de la educación inicial orientada por principios de equidad, para asegurar el acceso de los niños y niñas más pequeños, de territorios más alejados y de sectores de menores ingresos”.

“Las dificultades económicas, la precarización laboral y la falta de redes de cuidado impactan directamente en las posibilidades de sostener la asistencia de niños y niñas al nivel inicial. Por eso, ampliar la cobertura no puede pensarse únicamente como una meta de infraestructura o vacantes disponibles: requiere políticas integrales que acompañen especialmente en los territorios donde las desigualdades son más persistentes”, señala Alejandra Perinetti, ​ Directora Nacional Aldeas Infantiles SOS Argentina, y agrega: “Garantizar el acceso a espacios educativos y de cuidado de calidad desde edades tempranas no solo mejora las trayectorias educativas, sino que también es una herramienta central para interrumpir ciclos de exclusión”.