miércoles 14 de enero
de 2026
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El homenaje de Río Grande a los caídos en el Crucero ARA General Belgrano

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“No vencidos, no caídos, tripulantes de un bravo navío en patrulla permanente vigilantes eternos de una guerra inconclusa”. Así definió en sus palabras alusivas el Teniente de Fragata, contador Nemesio Ricardo González, en el acto en homenaje a los caídos en el hundimiento al Crucero General Belgrano, ocurrido hace 34 años, un 2 de mayo de 1982, en aguas del Atlántico Sur.

La ceremonia fue presidida por el Capitán de Navío IM, Néstor Carlos Bueno; el presidente del Concejo Deliberante, Alejandro Nogar y en representación del Municipio, la profesora Gabriela Castillo.

Se destacó además la presencia de integrantes del Centro de Veteranos de Guerra, con su presidente Roma Alancay; de Liliana Giles de Trocello; viuda de uno de los caídos en el hundimiento del Crucero ARA General Belgrano, junto a su hijo Emanuel y de Juan Eduardo Gómez, hijo de otro héroe caído en esa acción de guerra, Miguel Angel Gómez, Cabo Principal Maquinista.

“No vencidos, ni caídos”

En el discurso, el Teniente González sostuvo que la “nobleza en la vida de este gran buque también estuvo presente al momento de ser atacado. Esperó que se concretara el abandono y cuando las 9 mil toneladas de agua que embarco en 60 minutos, lo tumbaron definitivamente, giró hacia las profundidades en acomodamiento continuado, suave y sin afectar ninguna balsas”.

“Fue así entonces que 323 valientes y heroicos camaradas lo siguen hoy tripulando, marcando su honra la de la Armada Argentina, y de la Nación toda. No vencidos, no caídos, tripulantes de un bravo navío en patrulla permanente vigilantes eternos de una guerra inconclusa”.

“Hoy, transcurridos 34 años de aquel amargo momento, hagamos votos para valorar la acción de los marinos argentinos que se mantiene fieles a la tradición, la moral, la ética y la unión borwniana que inspira nuestra vocación”.

“Ese 2 de mayo de 1982 desde las balsas que ocupaban los náufragos del Belgrano, se escucharon tres gritos que atronaron el Atlántico Sur, tres gritos que fueron mas fuertes que las explosiones que hundieron al Crucero. Con orgullo y a voz en cuello, lo despidieron: ¡Viva la Patria, Viva el Belgrano!”.

Gracias a Río Grande

Juan Eduardo Gómez, tenía 4 años cuando el 2 de mayo de 1982 se apagó la vida de su papá, Cabo Principal Maquinista. En aquél entonces dijo que “solamente pensaba en que mi papá regresara a casa” y que después con los años tomó verdadera conciencia de lo ocurrido.

Gómez actualmente está en su última año en la formación como miembro de la Marina y destinado en la Base Aeronaval Río Grande. De esta forma, abrazó la misma actividad de su padre y contó que su hermana también integra la institución.

“Estoy contento de honrar a mi papa, de que él sea un héroe y le doy las gracias a Río Grande por tener siempre presente a mi papá por hacer que esto lo sienta en el corazón toda la gente de la ciudad”, dijo un emocionado Gómez, quien transita el último de residencia en Río Grande, porque su próximo destino es el Puerto General Belgrano, el lugar donde vivía cuando su padre pasó la gloria.