La Argentina ha dado un paso firme en la nueva era de exploración espacial al integrarse a la misión Artemis II de la NASA, el primer vuelo tripulado hacia el entorno lunar en más de medio siglo. En este escenario de máxima complejidad tecnológica, el microsatélite ATENEA representó la capacidad nacional de diseñar, integrar y operar sistemas espaciales en condiciones de espacio profundo.
Durante la misión, las estaciones terrenas de la CONAE en Córdoba y Tierra del Fuego lograron la adquisición y procesamiento de las primeras telemetrías del satélite, validando enlaces de comunicación de larga distancia, sincronización orbital y desempeño de subsistemas críticos en un entorno de alta radiación y latencia extrema. Este hito confirma que la Argentina no solo participa, sino que puede ejecutar operaciones espaciales en escenarios de frontera tecnológica.
El Secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología de la Nación, Darío Genua, afirmó: “ATENEA integró una de las misiones más ambiciosas de la era moderna. Este logro refleja un cambio estructural en nuestra forma de producir tecnología: pasamos de ser observadores a ser parte de la economía espacial global”.
En la misma línea, destacó: “El Presidente Javier Milei definió un rumbo claro de inserción internacional basado en la excelencia. Hoy la Argentina es elegida para integrarse a arquitecturas tecnológicas complejas por su confiabilidad operativa, su capital humano altamente calificado y su capacidad de innovación aplicada”.
La misión ATENEA implicó el desarrollo e integración de cargas útiles, sistemas de comunicación y validación de plataformas satelitales en colaboración con la Universidad Nacional de La Plata, la Universidad Nacional de San Martín, la Facultad de Ingeniería de la UBA, el Instituto Argentino de Radioastronomía, la Comisión Nacional de Energía Atómica y la empresa VENG S.A., consolidando un ecosistema científico-tecnológico capaz de escalar hacia proyectos de mayor complejidad.
Más allá del hito, la participación en Artemis II tiene implicancias estratégicas inmediatas: desarrollo de capacidades en navegación y control en espacio profundo, fortalecimiento de la infraestructura de estaciones terrenas, generación de datos críticos para futuras misiones y formación de recursos humanos especializados en ingeniería espacial avanzada.
La Argentina ingresa así en una nueva etapa: la de un país que no solo desarrolla tecnología, sino que la exporta, la integra en misiones globales y compite en los segmentos más exigentes de la economía del conocimiento.





